Y llegó el día en el que tuve un cronut en mis manos.

Desde que descubrí los cronuts (hablo de ellos aquí) me han rondado la cabeza. Tengo varias recetas guardadas para el día que me animara a hacerlos, pero me daba mucha pereza… ¡muuuuuucha!

Ayer, en una pastelería de Cádiz los encontré bajo el cartelito de “Donut Croissant”. Hace tiempo, un buen amigo que sabe que andaba a la caza y captura de este dulce me chivó donde creía que podía encontrarlos y, efectivamente allí estaban.

Entré de casualidad y, la verdad que no los tienen en un sitio muy destacado. Entré por su mini bollería para llevar a una merienda que surgió a última hora. Cuando llegó el momento de pagar me fijé, vi uno y pregunté. (Me había olvidado la conversación que antes os he mencionado, perdón J.j.)  😉

Para mi sorpresa me dijo la chica que me atendió muy amablemente que ese era de “exposición” que si lo quería, me lo tenía que llevar congelado y esperar a que tomara temperatura ambiente (unas dos horas después).

¡Qué gran decepción me llevé! No eran recién hechos pero, aún así, me llevé uno a casa y lo probamos. Por desgracia, la experiencia no fue todo lo perfecta que hubiera deseado.

Aunque ese “frío comienzo” ya presagiaba ese final, yo no perdí la esperanza.

Llegué a casa, me senté tranquila e ilusionada en el sofá con la cajita que contenía el cronut frente a mí. La abrí y acerqué a mi nariz. El olor me recordó a los churros/porras o al de las rosquillas/pestiños fritos. El olor, la verdad, era agradable y apetecible. El recubrimiento de azúcar con un toquecito muy leve de canela activaban mis sentidos.

Lo miraba y por fuera era bonito. Era atractivo, te decía “cómeme”.

Luego, fue el momento crucial: el corte y la degustación: eché de menos un ligero crujido, ya que la apariencia exterior daba a entender que eso era lo que iba a sentir al cortarlo y… ¡primera decepción!

Sí, es cierto, la apariencia es a “croissant” pero… con las capas apegotonadas. Lo probamos y tanto Javi como yo llegamos a la misma conclusión: “muy pesado, chicloso, con sabor aceitoso y que no recordaba ni a un donut ni a un croissant”. Os invito a que veáis el post al que os hago referencia al principio para que veáis con vuestros propios ojos la diferencia entre uno y otro.

Conclusiones:

Lo que más me gustó fue el packaging y la apariencia exterior del dulce en sí, pero no de su interior, textura y sabor.

Tengo una sensación de tristeza porque esperaba más… mucho más. Quizás… ¿demasiado?

Si vuelvo a encontrarme con un cronut, ¡volveré a pedirlo! No pienso rendirme a la primera. 😉

Como la Bakery del Chef Dominique Anse y la Pastisseria Lleonart me cogen ambas un poco retiradas… Sólo me queda la opción de lanzarme a hacerlos yo.

Próximamente receta y nuevas impresiones.

😉

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Un comentario en “Y llegó el día en el que tuve un cronut en mis manos.

  1. Disculpas aceptadas 😉 ¡Y ánimo con la búsqueda de un cronut en condiciones! Por cierto, eso del “sabor aceitoso” me suena mucho a los donuts de paquete y muchos dulces “demasiado industriales”. No sé que tipo de aceite le echan, ni en qué condiciones estará, pero todos me dejan el mismo regusto final una vez se pasa el “efecto azúcar”…¡puag!

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