¡¡Churritooooossss!!

Cuando era pequeña, había dos palabras que en boca de mi abuela eran infalibles para salir corriendo a su encuentro. Bueno, realmente ya salía corriendo cuando escuchaba el tintineo de sus llaves por el pasillo, pero eso es otra historia… Una de esas palabras “mágicas” era la de “¡¡Churriiiitoooosss!!” que son las que hoy nos hace plantarnos delante de la pantalla.

Los churros es de esos desayunos que implican familia, amigos, reunión, sonrisas, calidez, infancia… ¡¡No conozco a nadie que se coma un papelón de churros sin sonreír ni una sola vez!! ¡¡Hacen que un desayuno cualquiera, sea especial!!

No quiero entrar en piques sobre si los churros madrileños están más ricos, los de “La Guapa”, o los del “Bar Stop” (estos últimos sitios son dos típicos de Cádiz), que si las porras… Yo lo tengo claro, si los como en la calle, me gustan más las porras (que no sé hacerlas) y los churritos, ¡en casa! Eso si…

¡¡Los mejores son los que hacía mi abuelo y son los que os voy a enseñar!

Ésta es la medida estándar, he intentado hacer menos cantidad pero no, las medidas de las recetas de tradición familiar son así y hay que respetarlas.

Para hacer churros  para unas 4 personas (no excesivamente glotonas) necesitaréis:

  • 2 vasos de agua (casi ras)
  • 2 vasos de harina (ras)
  • 2 cucharaditas colmadas de levadura (= 1 sobre)
  • 2 cucharaditas rasas de sal

Preparación:

En un cazo se vierte el agua con la sal. Mientras, en un bol, se pone la harina y la levadura formando un volcán (abriendo un hueco en el centro); cuando hierva el agua con sal, se retira del fuego; se vierte sobre el centro de la harina con la levadura, se mezcla ligeramente, como para humedecerla bien, sin batir -te quedará con grandes grumos. Se introduce en la churrera; se calienta el aceite y se fríe hasta que estén doraditos.

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Para hacerlos, yo utilizo una churrera que tiene su historia. Imagino que en unos grandes almacenes o en una ferretería la podréis encontrar. La mía… tiene solera. Heredé la de mi madre que es exactamente igual a la que tenían mis abuelos y… no sé, salen fabulosos.

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¿Os habéis fijado en la etiqueta del precio? Muchos de vosotros ni os sonará, yo las recuerdo vagamente o ya serían una evolución de esas… con eso os digo que… si la cuidáis… ¡¡os durará muchísimos años!! 🙂

Si no tenéis churrera, también se puede usar una manga pastelera y una boquilla de estrella, pero no os lo recomiendo, los intenté hacer así y… ¡¡menudo estropicio monté en la cocina!! 😀

Como veis, no tiene ciencia a la hora de prepararlos. Los ingredientes son muy básicos. Entonces, ¿dónde está el truco? Os cuento, el truco es el ¡¡cariño!! Los he hecho en tres ocasiones y sólo a la tercera han salido como recordaba. Con su punto justo de todo… Sinceramente, creo que lo que más ha influido es hacerlos en la misma casa de donde hace ya muchos años se hacían: la casa de mis abuelos que es donde actualmente vivo y cocino. Algo mágico debe haber en el ambiente que es meterme en la cocina y, raro es lo que sale mal. Espero que os animéis a hacerlos y a hacer disfrutar con un desayuno o merienda de las de toda la vida. ¡Ya me contaréis qué tal! 😉

Bollitos de leche I

¡Hola a todos! Esta receta se puede incluir tanto como dulce como salada… todo depende del relleno 😉

Así es como iba a empezar la receta, pero… Como no… He hecho de las mías y os lo voy a contar:

Hoy os traigo una receta que creo que a todos nos transporta a la infancia. Hace tiempo que los hice pero por alguna razón no subí la receta así que, prometo no subir una, sino dos recetas de bollitos de leche.

Esta primera receta que os pongo, me la pasó mi amiga Marina (de la que ya os hablé hace tiempo aquí)… viendo un poco la imagen que acompañaba el correo, descubrí que la había visto en el blog “La cocina de Consu“.

Próximamente pondré la que Xavier  Barriga incluye en su libro “PAN Hecho en casa con el sabor de siempre”.

La primera diferencia principal que veo entre una y otra es la cantidad de ingredientes; ésta tiene muy poquitos (es “sota, caballo y rey”) y la otra tiene alguno más. Así que, primero he querido hacer una básica para después hacer la otra mijita más elaborada para ser capaz de distinguir los matices (o no… ¿quién sabe?) Sigue leyendo